Redactores

23 abr 2009

Esta vez sí que cuesta dinero


Desde acá les hemos relatado una que otra historia curiosa de las obsesiones que el hombre puede tener. La de hoy no es nada curiosa, pero si es muy cara. No para el que la padece, pero sí para el afectado: la cleptomanía, o el impulso incontrolable por robar. Escribo sobre esto, y no de manera trivial, ya que he constatado personalmente que es un problema muy serio, sobre todo en los jóvenes.




Hace dos días, mientras esperaba para pagar mi compra en el supermercado, un chico de no más de 18 años intento salir del establecimiento. Pero justo antes de conseguirlo, una alarma antirrobo se activó a su paso. El vigilante, por supuesto, acudió en el instante y revisó el bolso del chicuelo. Luego murmuró algo así como: “¡Joder!, de nuevo todo esto por un par de chucherías”. Y se fue junto al joven a un cuarto pequeño. No sé que pasó luego, pero la cajera me dijo que para ella ese lametable show era ya algo frecuente.

Me di a la tarea de investigar ese que llaman el “robo hormiga” y, como siempre, me di cuenta de que es ya algo muy común. Se sabe sólo al ver los resultados de la búsqueda en Google, más de 123 000 resultados. ¿Cuántos de ellos serán perpetrados por algún maníaco, un cleptomano? Nadie lo sabe, y para mí ese es el mayor problema: que nadie lo considere una enfermedad, sino más bien un problema lateral. Y no es así, los cleptomanos necesitan ayuda, no dinero.




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